Havana (Cuba), 2018
Treinta y seis cuerpos se alzan en un gesto que desafía la historia. Vitrubie, obra de Glez, es una relectura crítica del canon clásico que pretendía definir lo perfecto, lo simétrico, lo universal. Aquí, la figura ideal no es única ni masculina: se multiplica, se desborda, se vuelve muchas.
Inspirada en el Hombre de Vitruvio, la pieza desmantela ese modelo para evidenciar sus exclusiones. El uso de la e en el título no es neutro: es un gesto de desobediencia y de apertura hacia otras corporalidades, otros relatos. En el centro de cada círculo, Glez sitúa a mujeres y mujeres trans que viven en La Habana —algunas atravesadas por la marginalidad, la violencia, la prostitución— y que aquí ocupan, por fin, el lugar que la historia les negó.
Cada figura es una afirmación. La obra no idealiza: visibiliza. Habla de cuerpos golpeados por el tiempo, pero también de la belleza que emerge al resistir. Lo geométrico se convierte en política: lo que antes fue proporción ahora es presencia. Lo que fue norma, hoy se desarma.
Vitrubie es, en esencia, un gesto de reparación. Un archivo visual y afectivo de lo ignorado. Una coreografía de cuerpos que, desde el margen, reclaman el centro. Glez convierte la multiplicidad en principio y la diferencia en un acto de poder.
Charleen Capote