Oshún, diosa de los ríos, hermana de Yemayá, reina del mar. Entre ambas, el agua teje su propia ley—un ciclo eterno de encuentros y transformación. En Oshún, Glez convierte su arte en una plegaria visual, un homenaje a la feminidad y la fuerza inagotable de lo que fluye.
El agua no solo modela la piedra, también une. En Oshún, la sororidad se convierte en corriente, enlazando los cuerpos femeninos como afluentes de un mismo cauce. Mujeres que emergen del río, habitando el agua como territorio sagrado donde la feminidad fluye con la certeza del tiempo mismo -diosas de agua y piedra, hijas de la tierra y del mar-.
Esta serie fotográfica celebra las tradiciones Yoruba que han venerado el agua como fuente de vida. Oshún es fertilidad y amor, la fuerza que nutre sin violencia. Glez recupera esa memoria ancestral: el agua como testigo de la hermandad entre mujeres, de su capacidad de sostenerse sin perder su esencia.
Realizada en La Garganta de los Infiernos, donde el agua ha cincelado la piedra durante siglos, las imágenes capturan la fusión entre cuerpo y entorno. Luz y reflejo evocan la danza sagrada de los ríos, el paso del tiempo y la permanencia de la tradición.
Oshún es un canto a la sororidad, donde las mujeres existen en comunión con la corriente, donde la feminidad es río y sostén. Como los cauces que se entrelazan antes de rendirse al mar, en sus aguas late la certeza de que ninguna fluye sola, resonando con el eco de antiguas plegarias que el agua preserva.
María Pérez Marín