NO, NO, NO

Havana (Cuba), 2020

No, No, No se inserta en la obra de Glez como reflexión sobre la memoria y el sacrificio, influenciada por artistas como Ana Mendieta. Utilizando el minimalismo, la obra conecta la precisión geométrica con el simbolismo de la sangre, elevando los adoquines a un lugar de resistencia emocional y memoria histórica.

Formada por dos capas de adoquines, la inferior tiene treinta y cuatro, representando el piso de la caída de Mendieta; la capa superior, treinta y seis, aludiendo a la edad de la artista al morir. La obra está bañada en sangre de gallina, evocando La muerte de la gallina decapitada con el pie de Mendieta. Esta simetría y el uso de la sangre transforman los adoquines en símbolos de sacrificio y memoria persistente.

La repetición numérica y la simetría simbolizan la relación entre la vida, la muerte y la memoria. La sangre resalta la huella del sacrificio y la persistencia del cuerpo frente al paso del tiempo. La obra actúa como una afirmación de la existencia que no se disuelve, un recordatorio constante de lo que fue.

La sangre no solo fluye: invoca, reclama, insiste. Es elegía y conjuro. Una negativa a la desaparición, una negativa a aceptar la caída como conclusión. Porque su nombre, su obra y su grito siguen vibrando en la piedra. Un espacio donde la ausencia se vuelve presencia. No, No, No plantea la resistencia al olvido, afirmando que la memoria persiste frente a la muerte. La disposición de los adoquines y la sangre resisten la disolución, convirtiendo la obra en una presencia continua, una interrogante sobre la desaparición y la permanencia en el tiempo.

María Pérez Marín