DANZANDO CON EL MAR

Madeira (Portugal), 2024

Un canto visual al agua como madre primera, como territorio donde el cuerpo se deshace y se rehace. En esta serie performática con resultado en foto y video, Glez convoca al océano como espacio de suspensión y memoria. La figura que danza —más que representar— se funde con el agua, y en su movimiento evoca el ritmo orgánico del mundo antes del mundo.

La obra nace del deseo de retornar a un estado anterior a la forma, donde flotar es recordar. Como si el cuerpo, al entregarse al vaivén de las olas, reencontrara el eco del útero: ese lugar sin gravedad, sin urgencia, donde respirar no era necesario. La danza se vuelve rito silencioso, vibración que no busca ser vista, sino sentida.

Aquí, el mar no es fondo ni decorado: es presencia activa. En cada imagen, su textura dialoga con la piel, traza contornos, diluye bordes. La modelo —cuerpo médium— habita ese umbral entre lo tangible y lo sagrado, donde el gesto no actúa, invoca. En su flotar hay una forma de resistencia: negarse al peso, rendirse a la corriente.

Creada en una geografía donde el agua dibuja fronteras y memoria, Danza con el mar se ofrece como espacio de reencuentro con lo líquido. No como escape, sino como forma de volver: al origen, al sueño, a esa vibración ancestral que aún nos habita bajo la piel.

Charleen Capote