LILITH

Havana (Cuba), 2021

Su nombre, susurrado y temido desde los albores de la escritura, resuena como un eco de rebeldía y autonomía femenina. La que no obedeció. La que fue convertida en sombra, en advertencia, en lo prohibido. Demonio, bruja, vampiro. En Lilith, Glez despoja el mito de su condena y lo transforma en reivindicación. Con esta obra, la artista recibió el Premio ENAIRE de Fotografía Joven 2021, un reconocimiento a su capacidad de convertir la imagen en un acto de resistencia.

Lilith ha sido, durante siglos, la figura que encarna el castigo por desafiar las normas. Su historia es un espejo de todos los cuerpos que fueron silenciados, de todas las voces que se negaron a inclinarse. En esta serie fotográfica, Glez la recupera y la multiplica, la convierte en un lenguaje nuevo: imágenes donde la demonización cede paso a la autonomía.

Aquí, las mujeres no piden permiso, ocupan el espacio. Mujeres de todas las edades, orígenes y no binaries miran de frente, sosteniendo el derecho a existir sin culpa. La feminidad se despoja del miedo y se reafirma en la diversidad. La fotografía se convierte en reescritura, en el medio para hacer visible lo que fue condenado al mito.

A través del uso de la luz y la composición, Glez sitúa a cada cuerpo en un territorio propio, sin jerarquías ni restricciones. La fotografía no ilustra una historia pasada, la reescribe en tiempo presente. Cada encuadre es una afirmación: la feminidad no es sumisión, es resistencia.

Lilith ya no es la sombra que acecha en la noche, sino la luz que rompe el silencio. No es advertencia, sino herencia. En cada mirada, en cada gesto de estas mujeres, el mito se reconstruye desde la fuerza y la libertad. Porque Lilith nunca fue el demonio. Fue la primera en decir “no”.

María Pérez Marín