Illes Balears (Spain), 2023
En la negrura del abismo, un grito de esperanza susurrado. Mar Negro no es solo una imagen repetida, es un latido visceral, un eco de ausencia y búsqueda. La artista se sumerge en un océano sin reflejos, en la inmensidad de un mar que ha perdido su luz, un espejo de su propio vacío interior.
La repetición se convierte en un rito, un mantra visual que insiste en la herida para hacerla visible. Inspirada en la serialidad de Andy Warhol, Mar Negro despliega la misma imagen 25 veces, organizadas en una cuadrícula de 5 x 5, como un ciclo de castigo y aprendizaje, un tránsito que busca cerrarse. La fotografía, en su reiteración obsesiva, refuerza la idea de transformación: la oscuridad como prueba, la repetición como exorcismo.
En este océano negro, donde la esperanza se diluye, la palabra se convierte en brújula de la noche. Sobre la superficie, una plegaria escrita por la artista flota como un hilo de luz: “Si en la oscuridad solo brilla tu nombre, ¿cómo hago para que este mar negro se convierta en azul?” La repetición de la imagen, junto con la frase, construye un diálogo entre la inmensidad y la voz humana, entre la pérdida y la posibilidad de reescribir el destino.
Mar Negro Mar Negro marca un punto de inflexión, el cierre de un ciclo en la obra de Alejandra Glez. Nos recuerda que incluso en la más profunda negrura, la posibilidad de luz persiste. Es un testimonio de resiliencia, una invitación a transformar el dolor en fuerza, a encontrar la belleza en la inmensidad del océano y en la insistencia de la palabra. Porque la repetición no es solo un eco del vacío, sino la promesa de que, tras la tormenta, el azul siempre vuelve a emerger.
María Pérez Marín