MAR DE FONDO

Havana (Cuba), 2018

En la inmensidad del mar, donde el cielo se funde con el abismo, emerge lo que no le pertenece. Mar de Fondo es una elegía visual, un testimonio suspendido contra la marea del olvido.

Cuerpos a la deriva emergen como ofrendas involuntarias, testigos de una violencia que el agua no borra, símbolo de una herida colectiva. La obra es un canto político a la memoria de quienes, empujados por la desesperación, confiaron su destino al océano, espejo de la propia condición humana que los sentenció. Migrantes sin llegada, víctimas de feminicidio devueltas al mar, útero primigenio convertido en última morada.

En su oleaje, un doble pulso donde la ecología y la migración convergen: el mar no es solo paisaje, sino un territorio de duelo y resistencia. Por eso, la obra se desdobla en dos piezas fundamentales: Presencia y Ausencia. En la primera, la carne se revela, la vulnerabilidad se expone a la mirada del espectador, cuerpos flotantes, dispersos como notas de una misma canción interrumpida. En la segunda, han desaparecido, dejando apenas sombras sobre la superficie, una huella espectral de lo que estuvo y fue arrancado, reflejo de la impunidad de un mundo que decidió no ver.

El uso de la caja de luz intensifica la tensión entre presencia y ausencia. La iluminación no solo revela, sino que enfatiza el contraste entre lo tangible y lo espectral. La fotografía deja de ser una simple captura y se convierte en una huella latente, un umbral donde la imagen y la memoria se entrelazan.

Pero el mar no olvida. Mar de Fondo es un lamento líquido, un canto fúnebre que rescata los nombres de la corriente y restituye las huellas que intentaron borrar. Entre la espuma y la memoria, la imagen persiste. Porque el agua, como la historia, no entierra: devuelve.

María Pérez Marín