Havana (Cuba), 2021
En un espacio negro e infinito, una figura cae con una elegancia que desafía toda lógica. El instante se suspende entre el control absoluto y la rendición total. El cuerpo, aún calzado con zapatillas de punta, parece habitar un momento donde ya no hay escenario, donde la danza continúa incluso en la pérdida de toda referencia.
Ella, símbolo de disciplina y belleza efímera, se convierte aquí en un ser etéreo, frágil, que se sumerge en el vacío como si el acto mismo de caer fuese una coreografía final. La oscuridad que la envuelve no es amenaza, sino silencio. Un espacio de tránsito donde el cuerpo flota, no como cuerpo vencido, sino como forma pura en transformación.
Esta imagen es una meditación visual sobre la fragilidad del tiempo, la fugacidad del gesto y la intensidad de aquello que se extingue mientras sucede. Es también una celebración de la belleza que habita en el instante previo a la desaparición: una danza que no termina, sino que se diluye en la oscuridad como un susurro que permanece.